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Carnaval, dulce Carnaval
Julio, 2019

El arte del Calado Canario

La labor artesanal con mayor proyección en los mercados internacionales

El Calado Canario consiste en deshilar una tela de algodón o de lino y realizar con ellas complejos dibujos con motivos florales o geométricos. Una actividad que desde sus inicios se ha realizado familiarmente, pero que pronto adquirió tintes comerciales y las empresas inglesas e hindúes instaladas en Canarias empezaron su explotación. Esta tarea se ha mantenido viva por generaciones, pasando de madres a hijas todos los conocimientos de este arte. En la actualidad, existen Talleres de Empleo y Casas de Oficio que fomenta el Calado Canario con el objetivo de que nunca se pierda este quehacer.

Desde la península 

El origen de los calados parece estar ubicado entre la frontera portuguesa y las provincias andaluzas y extremeñas, por el parecido en las técnicas que utilizan. Aunque en la península durante la Edad Media era un trabajo que realizaban tanto hombres como mujeres, en Canarias los calados han sido confeccionados exclusivamente por mujeres como una producción doméstica. En 1901, en el Puerto de la Cruz (Tenerife) se abrió la primera casa exportadora de calados y, poco tiempo después, se comenzó a extender al resto de las islas. Fueron hasta diez empresas las que se dedicaron a enviar calados a Europa y Norteamérica, lo que supuso la contratación de mucha mano de obra que, por entonces, era muy barata. Desde Londres llegaba la materia prima, las caladoras hacían el trabajo desde sus casas y, posteriormente, las compañías inglesas exportaban el producto final. A finales del siglo XIX pudo competir con países como Escocia, Japón y Madeira, que también eran productores. Después de la Primera Guerra Mundial, la demanda descendió, ya que comenzó la competencia extranjera con la copia en las técnicas y modelos. Los encargos a las auténticas caladoras se vieron mermados y, como consecuencia, muchas de ellas dejaron de trabajar en esta actividad autóctona. En el periodo entre las dos Guerras Mundiales se creó la “Sección Femenina” unida con el objetivo de reactivar la producción del Calado Canario.

Materiales y forma de trabajo

Para realizar los calados se necesitan las mismas herramientas que se utilizan en los trabajos de costura, como una tijera de punta fina, hilo para tensar, agujas de calar y dedal. El elemento más singular es el bastidor, una estructura de madera en la que se fija la tela para facilitar la actividad. El calado consiste en deshilar el tejido para obtener diferentes dibujos de dificultades variables. Primero se corta la tela y se sacan las hebras tanto en horizontal como vertical y, a continuación, se coloca en el bastidor y se deja tensa. Es entonces cuando se atan las hebras sueltas del deshilado y se hilan los espacios vacíos para obtener los dibujos escogidos que, según la forma y la zona donde se realizan, reciben un nombre u otro, como punto espíritu, festón, coser y cantar, flor de tela, etc. Una vez finalizado ese proceso, se lava la pieza, se recortan los bordes, se plancha y queda listo para su venta.

Usos del calado

Desde sus orígenes el calado se utilizaba para confeccionar ropa de casa o ajuar, como toallas, manteles, cortinas, pañuelos o prendas de vestir, etc. Aunque tradicionalmente el objetivo era producir para exportar a diferentes países, también se recibían encargos de particulares y, a pesar de que actualmente quedan pocas caladoras, este arte todavía viste y decora muchos hogares isleños.

 

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