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¡Prepara las vacaciones con los peques en Canarias!
Septiembre. 2019

La octava isla: La Graciosa

Un paraíso en el que no existen las carreteras asfaltadas.

Desde hace poco más de un año, La Graciosa es oficialmente la octava isla habitada del archipiélago canario. Así lo recoge la Ley Orgánica 1/2018 de 5 de noviembre, de reforma del Estatuto de Autonomía de Canarias. Además, se trata de un espacio protegido dentro del Parque Natural del Archipiélago Chinijo y depende administrativamente de Lanzarote. Algo especial tendrá este lugar con 700 habitantes y por donde pasan más de 25.000 visitantes al año. Conquistada en 1402 por el explorador Juan de Bethencourt, bajo el vasallaje de Enrique III de Castillo, La Graciosa fue el primer paraje que conoció la llegada de los normandos. Estuvo deshabitada hasta mediados del siglo XIX, cuando ocasionalmente se instalaban los pescadores que faenaban en la costa.


La serenidad de las Islas Canarias

Se llega en barco desde el puerto de Órzola, Lanzarote. Un estrecho de apenas 1 kilómetro es el que separa a ambas islas. Solo hay dos pueblos en sus 29 kilómetros cuadrados, Pedro Barba, que es la zona de veraneo y Caleta del Sebo, en el que habitan los gracioseros. No es una isla para el turismo de masas, pero sí un lugar en el que te puedes olvidar de los zapatos. El kit perfecto es el traje de baño, crema solar de protección alta y una visera. Los periodos de Navidad, Semana Santa y verano se traducen en la llegada del mayor número de personas. Durante esas fechas, los alojamientos construidos en las dos localidades que conforman La Graciosa reciben a los turistas.

Sus encantos

Los visitantes que arriban a la benjamina del archipiélago pueden disfrutar de la playa y existen excursiones a los islotes que pertenecen a la Reserva Marina. Algo que le hace especial es que aún es un espacio que permanece intacto y está repleto de fabulosas playas paradisiacas rodeadas de dunas blancas y volcanes. Una de las que más destaca es Baja del Ganado, en la que la arena es blanca y sus aguas celestes contrastan con las rocas volcánicas negras de su entorno. La visita a la playa de las Conchas también es obligatoria, un gran arenal “virgen” en la que se puede apreciar la inmensidad del océano Atlántico. Se puede llegar al volcán de la Montaña Amarilla tras atravesar un sendero durante unos treinta minutos y observar la cala La Cocina, una playa en la que el agua es de color esmeralda y que contrasta con los grandes acantilados de roca amarilla.

Conoce la isla en bicicleta

Probablemente, La Graciosa es la única isla en Europa en la que no existen carreteras asfaltadas. Se trata de la más desconocida, pero la que más serenidad derrocha de todo el archipiélago. La mejor forma de conocerla es con una bicicleta. No se alquilan coches ni motos, solo existe un taxi 4x4 para el terreno rocoso. Se recomienda recorrer la isla con calma a través de sus sendas: sencillas, llanas y preciosas. Existe la ruta Pedales de Lava que comienza en Caleta de Sebo y sube por la montaña del Mojón dirección norte hasta el punto más alto de la isla, Las Agujas con 216 metros de altitud. A continuación, se llega a Pedro Barba y de ahí hasta la Montaña Amarilla. La Graciosa es, en definitiva, una isla para disfrutar de una escapada en la que se busque desconectar y disfrutar de la naturaleza. Solo apta para viajeros que saben disfrutar del silencio, de la belleza, del sol y de las playas solitarias.

 

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