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Septiembre. 2019

¿De qué hablamos cuando interesa que el término feminista se entienda como algo negativo?

Los movimientos feministas apenas tienen dos siglos de antigüedad. El voto de la mujer, se consiguió por primera vez en Nueva Zelanda, 1893, después de intensas luchas sufragistas en medio mundo. Así, el voto de la mujer, sería aprobado, en cascada en el resto de países. Este movimiento, se ha ido construyendo, analizando y revisando continuamente, donde participamos todos y todas. Si actualmente el feminismo es un movimiento pacífico, que busca la igualdad de oportunidades entre todas las personas, rechaza el racismo, respeta la diversidad, defiende la preservación del medio ambiente, predica un comercio justo, en definitiva, si es tan bueno y respetuoso, ¿por qué el TÉRMINO “FEMINISMO” o “SER FEMINISTA”, puede estar mal visto por algún lobby? ¿Quién o quiénes están interesados en desprestigiar semejante BUEN TÉRMINO, que ha venido para quedarse como “COSA BUENA”?


¿De qué hablamos cuando interesa que el término feminista se entienda como algo negativo?
Entonces, ¿por qué hay un negativo prejuicio del término “feminista”, sobre todo, de “MUJER FEMINISTA”?, desvirtuándolo en tono despectivo como: provocadora, agresiva, complicada, bicho raro, lesbiana, machorra, histérica, solterona, desquiciada y por supuesto, que odia a los hombres ¿A quién le interesa poner estos adjetivos erróneos a las mujeres feministas? Esta imagen de “mujer bruja” = feminista, interesa para desunir y ralentizar una lucha, cada vez, con más fuerza en todo el mundo. ¿A quién no le conviene cambiar las tornas, quiénes son y qué privilegios estarían perdiendo? Si somos iguales, quién hará los trabajos de cuidados gratuitamente, quién hará el trabajo precario. El movimiento feminista cuestiona las estructuras políticas, jurídicas y sociales vigentes, evidentemente, cuestionar la base en la que se sustenta la sociedad, implica perder privilegios que se han tomado como derechos. Leamos sobre feminismo para hablar con conocimiento de causa y entender que es clave en el proceso de consolidar una ciudadanía que ejerza sus derechos y obligaciones en condiciones de paridad. .

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