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1920: ¿por qué se llamaron los felices años 20?
febrero 2020

Una década en la que se vivieron años de crecimiento económico y de transformaciones políticas, sociales y culturales

1920: ¿por qué se llamaron los felices años 20?

Entre 1922 y 1929 los Estados Unidos vivieron un periodo de prosperidad y bienestar económico sin precedentes en la historia mundial. Ese modelo, caracterizado por la producción de bienes de consumo y el modo de vida americano, llegó a Europa Occidental una vez se superó la crisis de la posguerra a mediados de la década de 1920. Se produjo un crecimiento que benefició a toda la sociedad. Sin embargo, solo se trató de un mero espejismo, algo que terminó bruscamente con el crack del 29. Hay que tener en cuenta que tras la crisis de posguerra la riqueza mundial dependía de la prosperidad de la economía norteamericana. Así pues, si en los EEUU se pasaba por una coyuntura económica positiva, se verían favorecidos directamente países europeos como Francia, Gran Bretaña, Italia o Alemania. Si, por el contrario, les iba mal y entraban en crisis, el resto de países también la sufrirían. Tal y como ocurrió. Esto nos permite entender la ficticia prosperidad económica que vivieron los europeos entre 1924 y 1929.

Factores de prosperidad económica

En Estados Unidos se iniciaron años de bonanza sin precedentes. Su industria se reconvierte rápidamente, aparece el consumismo masivo y la gente se enriquece con la especulación bursátil. Sin duda, hay que destacar en primer lugar el gran crecimiento industrial basado en el uso de las nuevas energías como el petróleo y la electricidad. Al igual que la industria y la siderurgia, la química o la automoción. También hay que sumarle una nueva organización laboral con la introducción de las técnicas empresariales propias del taylorismo y el fordismo. Así como la concentración de capitales en torno a grandes corporaciones a través de fenómenos como los cartel, trust y holdings.

Un modelo exportado por todo el mundo

Los EEUU se convirtieron en la locomotora de la economía mundial y era ejemplo para el resto de países. Sedujo rápidamente a los europeos, que imitaron la forma de vida de los norteamericanos con un consumo masivo de bienes tales como automóviles, electrodomésticos o teléfonos. Todo ello impulsado por el aumento de la publicidad y sostenido por un crédito fácil y las ventas a plazos. A nivel cultural también sembraron precedentes. Los espectáculos de masas como el fútbol y los cabarets, el gran interés por la alta costura, el jazz, charlestón o el blues, se convirtieron en objeto de consumo y alimentaron a toda una industria que hasta el momento no había sido protagonista. La prensa también creció y lo hizo con la proliferación de revistas especializadas en deportes y dedicadas a la mujer. Apareció la radio, instrumento que comenzó a utilizarse como excelente medio para la publicidad. A final de la década existían casi catorce millones de receptores en Estados Unidos.

El principio del fin

Se exhibió como un escaparate a todo el mundo y era ejemplo de que cada iniciativa conducía al éxito. Era el lugar soñado y esto atrajo una fuerte inmigración que acarreó con un grave problema social, político y moral. La Administración política optó por controlar la emigración, prohibió el consumo, fabricación y venta del alcohol (Ley Seca) y con ello se fomentó la aparición de bandas organizadas que controlaban el contrabando y el mercado negro. El ciclo expansivo de EEUU se frenó bruscamente desde 1928, cuando los inversores norteamericanos, atraídos por la burbuja financiera que estaba afectando a la Bolsa de Nueva York, comenzaron a dejar de invertir en el exterior. Con el hundimiento de la bolsa, el pesimismo y la desesperanza caracterizó la década de los treinta.

 

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