FMHOY - Fuerteventura
Leyendas

"El grito de Ferinto"

Cuenta la leyenda que en la isla de El Hierro vivía un hombre llamado Ferinto. Un bimbache que se convirtió en el tormento del conquistador Juan de Bethencourt y de todo su ejército desde el momento en que llegó a las costas de la isla. Allí atracaron en un barco francés con tropas españolas que pretendía invadir esas tierras y tomar esclavos.

Image

Ferinto, el escurridizo

Hasta el momento, en la isla se vivía libremente y los que allí habitaban se dedicaban al pastoreo y al cultivo de la tierra. Ferinto era un joven despreocupado que gozaba de la libertad que le otorgaba su edad. Pero la noticia de la llegada de los castellanos se propagó rápidamente y pronto empezaron los nervios entre los habitantes de El Hierro. Ferinto no tardó en convertirse en el azote del ejército de Juan de Bethencourt. Conocedor del terreno y muy ágil, consiguió escapar de los pesados y lentos extranjeros que tenían que arrastrar sus armaduras mientras le perseguían. Ferinto, como sabía que nunca le atraparían, vivía feliz y en el pueblo lo tenían como su particular Robin Hood. .

Traición

Cuando más contento estaba Ferinto y más nervioso el ejército, alguien de la tribu le traicionó y contó a Juan de Bethencourt dónde estaba escondido y cómo podrían cogerlo. Hasta la cueva donde se encontraba Ferinto se desplazó una tropa de 200 hombres, fuertes y armados con el objetivo de acabar con el hombre que les estaba molestando en su conquista. El joven, alarmado por el ruido que había a su alrededor a esa hora de la mañana, se despertó y decidió asomarse a la entrada de su cueva para mirar quién merodeaba por sus alrededores. Horrorizado observó a los extranjeros que avanzaban lentos, pero seguros, en su busca. Ferinto tomó la decisión de huir y echó a correr hasta que llegó al borde de un profundo barranco, muy próximo a Valverde. Buscó un lugar desde donde poder saltar de forma segura. Sin embargo, las tropas cada vez se acercaban más a él.

El salto del Guanche

Desesperado miró al cielo, vio las nubes y los pájaros, que volaban en libertad, y tomó una decisión: saltar. El primer salto fue exitoso, Ferinto daba saltos de alegría al lograr llegar al otro extremo del barranco. Pero la ilusión duró poco. A pocos metros le esperaba el segundo batallón del ejército con sus armas preparadas. Triste y desolado, el joven supo que ya no tenía escapatoria y que iba a morir. Saltó al vacío. Y en su salto, según cuenta la leyenda, gritó tan fuerte que su voz se extendió por toda la isla hasta llegar a la otra parte del poblado. Todos supieron que Ferinto había muerto, incluso su madre que, apenada, exclamó: “Mi hijo ha sido vencido”.

NOS GUSTAN