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Leyendas

"Guise, Ayose y la profecía de Tibiabin"

Hace mucho, mucho tiempo que los reinos de Maxorata y Jandía convivían bajo el gobierno de Guise y Ayose, respectivamente. La relación entre ambos no era muy buena y las discusiones eran un día sí y otro también, por lo que tuvieron que buscar una solución. Los reyes decidieron construir un muro que delimitase los terrenos para así zanjar las disputas durante un tiempo. Una barrera que obtuvo el resultado deseado por ambos ya que durante una temporada se pudo vivir en paz en ambos reinos.

La profecía de Tibiabin

Guise, Ayose y la profecía de Tibiabin

Si algo compartían Guise y Ayose era el respeto y la admiración por la adivina Tibiabin. Pero no solo ellos… Todos los habitantes de los reinos también compartían ese sentimiento hacia la mujer cuyas predicciones se cumplían con inquietante precisión. Además, Tibiabin tenía una hija llamada Tamonante que cumplía un papel muy importante en las decisiones del pueblo. Los consejos de la madre y la hija eran escuchados y tenidos en cuenta por ambos gobernantes. Un día, la curiosidad quiso que Guise y Ayose se presentaran ante Tibiabin. Tras la construcción del muro que separaba los terrenos querían conocer que les deparaba el futuro a ellos y a sus reinos… “¿Qué final nos espera?”, le preguntaron a Tibiabin. Cuenta la leyenda que la adivina les dijo a los reyes que por el mar llegarían unos hombre poderosos montados en casas flotantes. Los dos se sorprendieron, porque según ella no les debían de recibir con violencia, porque llegaban en son de paz y traían esperanza y beneficios a sus habitantes. Estas palabras no fueron del agrado de Guise y Ayose, quienes se marcharon. Esas tropas que desembarcaron en Fuerteventura resultaron ser las de Juan de Bethencourt y Gadifer de la Salle. Rápidamente comenzó una batalla de la que los isleños buscaban defenderse, pese a las palabras de la adivina, que auguraba grandes desgracias si combatían a los extranjeros. Finalmente, tras una gran lucha tuvieron que rendirse a las tropas debido a su superioridad. Pero las hostilidades no cesaron pese a la derrota de Guise y Ayose, por lo que todos comenzaron a desconfiar de Tibiabin y su hija. El error en su predicción fue pagado en forma de desgracia con la llegada de las primeras naves piratas. Tibiabin fue tomada por la fuerza y desapareció y su hija ante la tristeza de verse sin madre y sin amigos decidió arrojarse por el Barranco del Janubio. .

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