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Leyendas

"La historia de la Olivina"

Hace muchos, muchos años… En la isla de Lanzarote, un campesino llamado Tomás el Viejo era conocido por sus vecinos por ser el que tenía las mejores ovejas. Era costumbre que en verano, su nieta Olivina, una adolescente de piel morena y ojos verdes, le ayudaba a ordeñar al ganado y en las tareas del hogar. Todas las mañanas salía muy temprano con el rebaño para pastar allá donde existiese el mejor alimento para sus animales. Pero un día de mucho calor, Tomás llegó antes de lo previsto a casa con una fuerte insolación. Fue su nieta Olivina la encargada de cuidarle el resto de la jornada para que se recuperara. Al día siguiente, a pesar de lo mal que se encontraba, el hombre intentó cumplir con su obligación y salir con las ovejas, pero Olivina no le dejó salir y se ofreció a ser ella quien sacara a pastar al ganado. Dada la situación, Tomás no tuvo más remedio que dejar que su nieta saliera con las ovejas y le pidió especial atención para que no le pasara nada a ninguna de ellas.

La historia de la Olivina

Olivina era una joven dispuesta y servicial, aunque muy despistada. Durante el recorrido se entretuvo buscando flores para su abuelo y en el momento de regresar contó las ovejas y se percató de que le faltaba una. ¿Cómo había podido ocurrir? Rápidamente miró a su alrededor y vio como el animal estaba en lo alto de una montaña rocosa sin poder moverse. ¡Tenía que recuperarla! Así que Olivina fue a por ella, se acercó todo lo que pudo… pero no pudo ser. La oveja se asustó y cayó al vacío. ¿Qué le diría su abuelo? Muy triste y con el resto del rebaño paró en la orilla del mar y se puso a llorar desconsoladamente. De sus grandes ojos empezaron a caer lágrimas de color verde que sobre el agua del mar permanecían en forma de gotas que no se diluían. Aquel llanto llegó a oídos de la diosa Timanfaya que ordenó a un grupo de gaviotas recoger con sus picos las extrañas lágrimas verdes y sepultarlas en piedras volcánicas que eran sinónimo de dolor. Lo que no se podía imaginar la diosa es lo que iba a ocurrir, algo mágico. Piedras y lágrimas se unieron y formaron la Olivina, como símbolo de la bondad humana. .

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